sábado, 20 de enero de 2007

Dignidad de Hombre

Nos estamos cansando
si . . . que creen que somos ?
muere alguien . . . !
morimos de hambre . . .
y vienen ellos . . . los hombres,
los hombres de bien !? . . .Esos,
los que trabajan en radio,
en televisión y en prensa.

Nos preguntan
nombres apellidos y hacen
lo que siempre hacen
colectas de dinero,
ropas para niños,
comidas para pobres
una propaganda inmensa !
nuestras caras en las pantallas
nuestra miseria en televisión
nuestros nombres en las radios.

Y fotografias de huesudos
en periódicos baratos
que piensan ellos ?
que saben de nosostros,
sobre nuestras miserias,
sobre nuestros huesos,
sobre nuestros montones de cráneos

Suben ! . . . Suben ellos ! . . .
Escalan ! . . . se arrastran.
Suben hasta el pedestal de los corazones de oro !
suben hasta el humanitarismo hipócrita !
suben hasta el podio de la ignorancia !

Acaso saben ellos ? . . .
lo que es la dignidad . . .
Si . . . ! Si ! La dignidad, el honor
acaso por ser pobres
marginados y despreciados
no tenemos lo que los otros tienen.
. . . !!! Lo tenemos !!!
. . . !!! Tenemos dignidad !!!
Somos humanos
pero la pobreza
no nos quita

! Nuestra dignidad !

Ustedes que son hombres de bien . . .
existen, cien formas
y cinco mil maneras
de apiadar el corazón,
de ablandar el sentimiento.
Acaso: los nombres, los apellidos ?
dicen más que una palabra
más que una frase.
! Por Amor a Dios, ayudennos !.

Pedro . . . Que hiciste de tus promesas ?
donde está tu hombria.
Quién era el macho ?
Quién era el hombre ?
. . . ! Eras tú . . . eras tú !.

Pedro . . . Vas a seguir ?
aquí no hay trabajo . . .
respuesta que te dan
te golpea. Alza la mejilla
quiero verte la cara.
Eres mi creación, eres mi ser,
eres mi vida.

Pedro . . . La vida nos golpea
y nos vuelve a golpear
ó es que tanto golpe
te hizo olvidar, ! el honor !.

Por más que te golpeen
Pedro . . . no nos hacen mella
no rompen el espíritu, que tienes
cuanto más nos golpeen,
cuanto más nos pateen,
cuanto más nos escupan,
más fuerte seremos y un día
si un día golpearemos
y quizá nunca perdonemos

Ranulfo Gimenez Olivares