lunes, 18 de diciembre de 2006

Carta de una madre cubana a una madre norteamericana

Madre de ojos azules,
madre de Norteamérica:
mis hijos son pacíficos,
trabajan, cantan, sueñan,
aman bajo la verde
sombra de sus palmeras.

Robert, tu joven rubio,
¡ qué feliz se sintiera
jugando al béisbol con mi alegre Juan
de cabellera negra !
Sin embargo, los turbios mercaderes
que a tu pueblo gobiernan,
quieren que Robert asesine a Juan
bajo su propio cielo, sobre su propia tierra.

Mi Juan es noble,
pero cuando le ofenden su bandera
salta como un león, y sus palomas
luchan como las fieras.

De madre a madre te lo digo:
dile a tu hijo que no venga.
Los piratas que tocan esta Isla
se quedan en sus costas, y vivos no se quedan.
Tú llorarías sin orgullo
lágrimas de vergüenza.
Por el contrario yo,
si Juan muriera,
como la madre de un patriota
tendría una orgullosa pena.

Pero es mejor, querida mother Mary,
que Juan y Robert vivan cada uno en su tierra,
y que sólo en estudios, en deportes y en arte
entablen amorosas competencias.

Te prometo que Juan jamás será agresor.
Lo enseñé a respetar soberanas enseñas.
Pero si Robert viene y le dispara,
Juan tiene, mother Mary, derecho a su defensa.

Madre de ojos azules,
madre de Norteamérica,
por la vida de Robert de cabellera de oro
y la vida de Juan de cabellera negra,
cantemos a la paz
dulce canción fraterna.

Y no dejes que turbios mercaderes
que piensan en el oro y en tus hijos no piensan,
manden a Robert, a tu joven rubio,
a matar y a morir en mis palmeras.
De madre a madre te lo advierto:
dile a tu hijo que no venga.


Del poeta cubano
Jesús Orta Ruiz (El Indio Nabori)